Pablo Landázuri
Evaluación
Tristemente para muchos lectores cristianos la Agenda 2030 puede sonar adecuada y beneficiosa porque parece promover valores de solidaridad, justicia, amor al prójimo y cuidado de la creación. Sin embargo, un análisis más profundo y, sobre todo, a la luz de la Palabra de Dios, nos revelará que hay varios problemas con la propuesta de la ONU. Solo mencionaré algunos a continuación:
La prosperidad, igualdad y disminución de la pobreza
Uno de los compromisos de la Agenda 2030 tiene que ver con la búsqueda de la prosperidad y la disminución de la pobreza. Como leímos anteriormente, la Agenda 2030 busca ponerle fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo, a través de sistemas y medidas apropiados de protección social para todos, con el fin de generar igualdad y que la prosperidad sea lograda compartiendo la riqueza y combatiendo la desigualdad de los ingresos y la igualdad de remuneración por trabajo de igual valor. Ningún cristiano puede estar en contra de la mejora de los niveles de prosperidad. El problema no es el objetivo en sí mismo, pues los cristianos esperamos la gloria y la prosperidad eterna cuando el Señor vuelva para renovar esta creación y permitirnos vivir en ella. El problema es la imposibilidad de lograr estos objetivos en este lado de la vida eterna —donde aún existe el pecado— sin violentar los principios de la Palabra o al mismo prójimo con las soluciones de la ONU.
En principio existe un problema de desconocimiento del alcance y profundidad del pecado. El pecado no solo afecta nuestra justicia y santidad, sino también todo tipo de relaciones, incluyendo las económicas. Los cristianos tenemos que aliviar las necesidades del pobre, denunciar la injusticia e incluso involucrarnos en promover las transacciones económicas justas. Sin embargo, no podemos ignorar la realidad —consistente con la enseñanza bíblica— que demuestra la imposibilidad de una prosperidad universal, debido a las restricciones de producción infinitas y a las imperfectas relaciones entre los agentes económicos. En otras palabras, simplemente no se puede producir todo lo que necesitamos para todos, e incluso, si se pudiese, no todos los seremos humanos están interesados en trabajar al mismo nivel de productividad, ni dispuestos a entregar lo que han ganado lícitamente a otros. Moralmente, no podemos quitarle a alguien lo que es suyo, ya que esto sería una violación al octavo mandamiento. La imposición de la solidaridad desde el gobierno no es solidaridad. La verdadera solidaridad es producida por el Espíritu de Dios en el cristiano y por lo tanto no deberíamos apoyar sistemas que buscan crear una supuesta prosperidad e igualdad basada en la opresión tirana.
Los cristianos debemos hacer todo el esfuerzo por pensar bíblicamente en estos temas. Por ejemplo, consideremos estos versículos:
Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que tengas prosperidad? (Dt 10:12-13)
En este caso la palabra prosperidad viene del hebreo tov que también significa bien, bienestar, beneficio. En principio la enseñanza es clara, la fe, el amor, el servicio y la obediencia sincera a Dios produce prosperidad en la vida del creyente.
Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios (Ec 5:19)
La riqueza y los bienes provienen de Dios. Pero no solo eso, sino que Él nos da los medios para prosperar. El trabajo es el medio que el Señor ha provisto para que el hombre se sustente. Por esa razón encontramos también exhortaciones muy fuertes en el Nuevo Testamento en contra de aquellos que no trabajan:
Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan (2 Ts 3:10-12)
Es obvio que no todo el que vive en la pobreza camina desordenadamente frente al Señor en sus actividades diarias; y de hecho debemos ser solidarios con ellos, para lo cual el Señor nos ha dado el oficio de la diaconía en la iglesia. Pero lo inaceptable es que pensemos que la solución para la pobreza consista en lograr un nivel de igualdad universal o una renta única. Pensándolo bien, a la ONU no parece importarle tanto que el pobre coma mucho o poco, o que tenga mucho o poco, sino que todos comamos y tengamos exactamente lo mismo. La implicación de esta visión —tan atractiva para el pueblo latinoamericano— es que es mejor tener menos, siempre que todos tengamos menos. Se puede ser pobre, mientras todos seamos pobres.
En mi país se implantó en el corazón de mucha gente este pensamiento durante un pasado gobierno de tendencia socialista bajo la justificación de la llamada justicia social. En mi experiencia pastoral es alarmante identificar a tantas personas convencidas de que prosperar materialmente es un pecado. Los cristianos deben volver a los fundamentos bíblicos y recordar que el problema es el amor al dinero, no el dinero en sí:
porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre (1 Ti 6:10-11).
La ONU busca que los gobiernos, a través de la fuerza, se aseguren de que los que más tienen, entreguen su propiedad para lograr progresivamente una mayor igualdad. La Agenda 2030 abiertamente nos dice que los gobiernos, a través de más impuestos, políticas de fijación de salarios y otras leyes, se van a asegurar de obtener la propiedad privada de unos para dársela forzadamente a otros.
Aunque esto suena muy desprendido y generoso, realmente no lo es. Lo sería si cada individuo renunciara voluntariamente a su derecho a su propiedad para regalársela a otros. Pero ese no es el plan de la ONU para nosotros. La ONU quiere que pensemos que siempre hay otros que son más responsables de ser solidarios con nosotros. Es un juego sin salida porque siempre habrá alguien más rico o más pobre que nosotros. Siempre habrá una víctima y un victimario, y la ONU quiere que pienses que la víctima siempre eres tú.
La educación
La Agenda de la ONU también toca el importante ángulo de la educación. La Biblia nos ha mandado a los cristianos a criar e instruir a nuestros hijos en el temor del Señor, de acuerdo a su Palabra:
Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas. Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste, y casas llenas de todo bien, que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste, y luego que comas y te sacies, cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre (Dt 6:4-12). Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor (Ef 6:1-4).
Moisés, inspirado por el Espíritu Santo, nos dice que los hijos de los creyentes deben expuestos a la Palabra de Dios de manera general y en todo lugar. El apóstol Pablo nos instruye diciéndonos que los padres deben criar a sus hijos en la disciplina y amonestación del Señor. Pero la ONU tiene otros planes para nuestras familias. La Agenda 2030 se compromete a proporcionar una educación igualitaria a todos los niveles enseñanza.
En primer lugar, la ONU se atribuye de derecho y la obligación de educarnos. El cristiano debe preguntarse, ¿en qué lugar de la Biblia, Dios le ha dado al gobierno tales derechos y obligaciones? La respuesta es: en ningún lado. Usted es responsable de educar a sus hijos directamente o delegándolo a una escuela comprometida con la Palabra de Dios, tal como Deuteronomio y Efesios nos lo enseñan. La ONU, como hemos visto, no sirve al Dios de la Biblia, ¿qué le hace pensar que la educación que la ONU quiere para sus hijos va a ser cristiana?
El tipo de educación que la ONU desea que se provea es inclusiva e igualitaria. Ya sabemos lo que inclusivo significa para el paganismo. Se trata de absolutamente todo, sin miedo al absurdo —léase ideología de género, por ejemplo—. Desde otra perspectiva, el concepto de inclusión e igualdad, en mi país, Ecuador, por ejemplo, llevó a la increíble práctica de obligar a las instituciones de educación privada a mantener a los estudiantes impagos en clases sin ningún tipo de consecuencias. El resultado fue que varias instituciones han quebrado financieramente porque muchos padres que se comprometieron a pagar por el costo de la educación de sus hijos decidieron no pagarlo.
Por otro lado, esa misma educación igualitaria se evidencia en los currículos de instrucción. Claramente recuerdo cómo los libros que el gobierno del Ecuador imponía a absolutamente toda escuela, sin distinción, incluían una abierta propaganda de corte socialista y marxista, afín a cierto gobierno de turno y claramente contrario a principios bíblicos.
La ONU no está jugando. El alcance del tipo de educación que proponen es total. La ONU nos dice que nuestros quebrados gobiernos latinoamericanos deben garantizar la educación en todos los niveles, inclusive profesionales. En términos simples, nuestros países, muchos subdesarrollados, queridos hermanos, según la ONU, deben pagarle la carrera de medicina, economía y odontología a absolutamente todo el mundo que desee estudiar.
Hay un problema evidente de inviabilidad financiera. Ni usted ni yo podemos pagar por absolutamente todo lo que deseamos. Un padre que compra todo lo que desea, a cualquier costo, llevaría a su familia a la ruina y sería considerado un padre irresponsable. Lo mismo pasa con nuestros gobiernos, no tiene por qué ser de otra manera. Sin embargo, la ONU ha decidido garantizar el gasto que implica la educación incluso universitaria de todo ciudadano que así lo desee.
Para los latinoamericanos estas distinciones suenan extrañas y hasta innecesarias. Damos por supuesta la idea de que el financiamiento, propósito y contenido de la educación es un deber del Estado. Como buenos herederos de la revolución francesa atea, introducida por los líderes de los procesos de independencia del imperio español en su momento, sumada a la cosmovisión jerárquica romana católica presente por cinco siglos en nuestra región, hemos adoptado la noción de que el gobierno tiene deberes y derechos que la Palabra de Dios no le otorga. No es una exageración decir que el latinoamericano promedio ve al Estado como a un dios.
Los cristianos debemos entender que las responsabilidades de nuestros gobiernos están definidas y limitadas en la Palabra de Dios. Él es nuestra autoridad, no solo en cuestiones eclesiásticas, sino en absolutamente toda esfera de la vida. Jesucristo reina sobre toda la creación. En consecuencia, la educación de nuestros hijos es nuestra responsabilidad como padres y un reflejo de nuestra fidelidad al Señor. Como ciudadanos del reino e hijos de Dios queremos que nuestros hijos sean instruidos en la verdad y no en la mentira. La ONU claramente quiere educar a nuestros hijos y su plan no contempla un currículo basado en la Biblia.
La salud
Aparte de la educación, el área de la salud es uno de los más importantes de la Agenda 2030. La ONU ha decidido que nuestros países deben proveer cobertura sanitaria universal, incluyendo los servicios de salud sexual y reproductiva. Ya hemos mencionado la inviabilidad de asegurar todo tipo de servicio de manera universal, más aún el área de la salud dado los costos asociados. Otra vez, en mi país, Ecuador, a un presidente se le ocurrió la brillante idea de incluir a un grupo enorme de personas en los servicios provistos por la Seguridad Social, sin que deban aportar. Esta medida, celebrada por la clase política de izquierda y por muchos que recibían beneficios sin pagar por ellos, generó un hueco inmenso en las finanzas de las pensiones de jubilación. En este punto, nadie sabe si el Seguro Social podrá responder con sus obligaciones de jubilación actuales y futuras. Los cristianos no podemos aprobar este tipo de medidas irresponsables e injustas.
Pero más perturbadora es la verdadera intención de la Agenda 2030 cuando habla de planificación familiar y salud sexual. En Informe de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo2 producido en El Cairo el 5 y el 13 de setiembre de 1994, se comprometió en promover el aborto en nuestros países como una estrategia para el control de la natalidad.
Después de alarmar al mundo con estadísticas de aumento poblacional, la ONU, en este documento, habla de las medidas que tomará al respecto:
mediante el sistema de atención primaria de salud, todos los países deben esforzarse por que la salud reproductiva esté al alcance de todas las personas de edad apropiada lo antes posible y a más tardar para el año 2015. La atención de la salud reproductiva en el contexto de la atención primaria de la salud debería abarcar, entre otras cosas: asesoramiento, información, educación, comunicaciones y servicios en materia de planificación de la familia; educación y servicios de atención prenatal, partos sin riesgos, y atención después del parto, en particular para la lactancia materna y la atención de la salud maternoinfantil, prevención y tratamiento adecuado de la infertilidad; interrupción del embarazo de conformidad con lo indicado en el párrafo 8.25.3
Aunque en el párrafo 8.25 se menciona que el aborto no debe promoverse como medida de planificación familiar,4 al mismo tiempo el documento abre la puerta para ello y promueve su práctica. De hecho, entre una serie de medidas que en general podrían parecer adecuadas, se menciona camufladamente la interrupción del embarazo como una medida a seguir, aun cuando su práctica no sea legal:
Todos los países deberían adoptar medidas las necesidades de planificación de la familia de su población lo antes posible, en todo caso para el año 2015, y deberían tratar de proporcionar acceso universal a una gama completa de métodos seguros y fiables de planificación de la familia y a servicios conexos de salud reproductiva que no estén legalmente permitidos. El objetivo sería ayudar a las parejas y a los individuos a alcanzar sus objetivos de procreación y brindarles todas las oportunidades de ejercer su derecho a tener hijos por elección.
La ONU sin ninguna vergüenza decidió que para el 2015 los países deben promover la idea de que los hijos solo se deben tener por elección; y que, para tal efecto, aun cuando sea ilegal, entre otras cosas, debe facilitarse la práctica de un aborto.
La Agenda 2030 de las naciones nos recuerda al mensaje de la serpiente en el huerto del Edén, cuando le dijo a Eva: «no morirás», aun cuando Dios les había dicho que si comían del fruto del árbol del bien y del mal morirían. El engaño del dragón, usando a la bestia poderosa, a través del falso profeta, sigue haciendo de las suyas en nuestros días. Dios dice: «no matarás a un inocente», y la ONU responde: «no morirá, solo es una interrupción beneficiosa para el mundo». Dios dice: «fructificad y multiplicaos», y la ONU dice: «ya no hay más espacio para ellos». ¿A quién le vamos a creer, a nuestro fiel Dios de la verdad, o a la serpiente mentirosa y destructora?
La idolatría
Conclusión
Referencias:
2. «Informe de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo El Cairo», encontrado en https://www.unfpa.org/sites/ default/files/event-pdf/icpd_spa.pdf

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