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DERIVA Aunque muchos juren que el dolor no me rozó, aun si mienten y escarnecen mi amor con saña, la turba, que en contra nuestra apuesta y se encona, de lo sagrado, de lo eterno e inmaculado, se mofa en vano. Así, en su ceguera, su propio mañana profanaron. Me dolió la partida de la barca, me dolió verte sola en nuestra barca a la deriva. Antes, los dos remando contra la tormenta — tormenta de celos, sádica y fría. Fría como tu voz, como tu boca, como tu saliva, como tus lágrimas, como tu mirada, como tu corazón: tormentoso y gélido, un invierno sin fin. Contigo, el pulso de la vida se enlenteció, un madero menudo, de llagas forjado y febril. Traumas trenzados, celos cebados, envidias envueltas en vil. En proa, las secuelas de embates a babor, azotes salobres que nos hundieron en horror. ...
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